Monday, April 15, 2013

Cosas que no decir a un/a veg(etari)an@ #1: ¿Pero tú ya tomas suficientes proteínas?




Si quieres caerle mal a un/a vegetarian@ o vegan@, no escuches ninguno de sus razonamientos, machácale con esta pregunta, e insiste en que “hay que comer de todo”, una y otra vez, hasta que los ojos se le salgan de las cuencas y su voz adquiera una frecuencia tan aguda ue sólo pueda ser descifrada por los perros y ciertos aparatos ultrasofisticados de la NASA.
Y es que nada convierte al ciudadano medio en un experto en nutrición, como el hecho de conversar con un veg(etari)ano. Posiblemente, esa persona no sé haya planteado jamás si su dieta está bien equilibrada, si sufre algún tipo de carencia o si está abusando de algún alimento. Alguno, incluso, asegura casi con orgullo, que no prueba la verdura y la fruta “porque no le gusta”, pero, eso sí, todos saben que Santa Proteína de la Perpetua es el elemento sagrado en cualquier dieta y que, para ser de calidad, hay que consumirla de una fuente animal, como toda la vida, no vegetal, no vaya a ser que se reblandezca el cerebro y/o se acabe con una anemia galopante.
 
 
 
 
Yo me imagino la digestión como una especie de planta de reciclaje en la que los trabajadores escogen y clasifican los materiales descompuestos que les llegan. Cuando encuentran proteína, simplemente la toman y la incorporan. Santa Proteína de la Perpetua no lleva una etiqueta de buena o mala dependiendo de si proviene de fuentes animales o vegetales. La proteína es proteína, venga de donde venga.
A este respecto, Wikipedia dixit: Las fuentes dietéticas de proteínas incluyen carne, huevos, legumbres, frutos secos, cereales, verduras y productos lácteos tales como queso o yogurt. Tanto las fuentes proteínas animales como las vegetales poseen los 20 aminoácidos necesarios para la alimentación humana. La única diferencia entre “proteínas animales” y “proteínas vegetales”, es que las primeras van acompañadas de grasas saturadas que ayudarán a aumentar nuestro colesterol y con ello a obstruir nuestras arterias. And that’s all, folks.
 
 
 
 
 
Mediáticamente, se nos machaca tanto con la falta de proteínas y tan poco con las consecuencias de su abuso, que casi nadie se plantea si se está excediendo en su consumo de la biomolécula mágica. Yo tengo la hipótesis de que nowadays abusamos de la proteína animal porque para nuestros abuelos y bisabuelos, comer carne era un lujo que sólo se podían permitir una vez por semana o en época de matanza, y que, de alguna forma, en nuestro inconsciente colectivo se ha instalado la idea de que la carne es sinónimo de salud de hierro, privilegio y estatus.
A consecuencia de esto, llevamos años, décadas, consumiendo proteínas en exceso y lidiando con enfermedades renales, trastornos cardiovasculares, obesidad, perdida de calcio, alergias varias, hiperactividad del sistema inmune, disfunciones hepáticas y pérdida de densidad ósea (que se quiere compensar tomando más proteína en forma de leche, ¡viva el sinsentido!) que no tenían nuestros bisabuelos.
 
 
 
 
 
En mi caso, por ejemplo, Santa Proteína de la Perpetua (Sonmi y Yoda la bendigan), entra en mi dieta, en "big dosis", en forma de legumbres (un par de veces por semana), frutos secos (especialmente nueces, gran fuente de omega 3, todos los días) y tofu, tempeh o seitán (dos o tres veces por semana). Amén.



 
 
*
 

Thursday, April 04, 2013

El veganismo visto por El escarabajo verde




A pesar de que El escarabajo verde, el programa más eco de la 2, lleva muchos años (¿dos décadas?) en antena, no ha sido hasta hace pocas semanas cuando han dedicado un especial a esa rara avis del territorio nacional (y mundial): l@s vegan@s. Este hecho insólito requiere una celebration. ¡Por fin hemos llegado a la televisión pública!
A pesar de la tardanza y de lo insuficiente, incompleto o cuestionable del resultado global (las proteínas también se obtienen de legumbres, cereales, semillas y frutos secos, por ejemplo, no sólo de tofu y seitán vive el vegano), es de agradecer que, por primera vez, se nos muestre, no como esos hippies trasnochados, blanditos o ilusos melindrosos con problemas de anorexia, sino como personas normales pero muy responsables y muy concienciadas, no sólo ante las injusticias y problemas actuales, sino (casi) siempre enfocadas a abrir ojos (y corazones), y tender puentes hacia un mundo mejor y más justo para todos. Y es que como cada vez van admitiendo más big fishes (el último en caer ha sido Bill Gates), el futuro será vegano o no será.
 
 
 
 
 
Asi que con ustedes, y sin más dilación, Rebelión en la granja. Como dicen por ahí, “pasen y vegan”.




*

Sunday, March 24, 2013

Falsa piel falsa





Si te encuentras en una tienda de ropa con un individuo que considera más minuciosamente la etiqueta de los componentes de la prenda que tiene en las manos que el precio, no lo dudes: es vegan@.
Cuando se adopta esta filosofía y estilo de vida, “bueno, bonito y barato” se convierte en un lema caduco, un sine qua non lejano y bochornoso, parecido al que tenían que sufrir nuestros padres o abuelos cuando iban al cine y tenían que pasar por el Nodo. 
 
Antes de peregrinar al probador, presa del entusiasmo narcisil y consumista, hay que comprobar que la ganga en cuestión no contenga tejidos sádicos como plumas, lana, cachemir, mohair, seda, angora, pelo de camélidos, pelo de bóvidos, y, por descontado, cualquier tipo de cuero o piel, sea del animal que sea.
Esto que puede parecer un engorro o una odisea, en el fondo, no lo es tanto. Sólo se complica ligeramente en invierno, si la frívola moda se encarga de poner de ídem algunos de estos productos, o si nos sigue martirizando con el tejido-lija por excelencia: la lana, en casi cualquier abrigo o jersey.
 
 
 

El pasado otoño me compré, por primera vez en mi vida, un chaquetón de piel falsa (sí, el de esta foto) en un establecimiento de la gran compañía que, teóricamente, lidera el mercado de eco thinking (incluso PETA le ha dado algún que otro premio). Lo hice porque la supuesta faux fur no me recordaba a ninguna otra (si fuera imitación de visón o cualquier otra piel clásica, por ejemplo, jamás lo adquiriría, simplemente, por el mal rollo que me da) y porque, más que piel falsa, me daba la impresión de llevar un chaquetón de peluche (o de teleñeco), así que lo apodé, en un arranque de originalidad, como peludo.
Desde hace un par de semanas, sin embargo, soy incapaz de mirar a peludo con los mismos ojos. La culpa la tienen una serie de artículos de varias publicaciones animalistas en los que se asegura que, en muchas más ocasiones de las que pensamos, se nos vende piel auténtica en lugar de falsa. ¡Eso no puede ser, el precio cantaría! estaréis pensando. Pero no, no se refieren a la chinchilla, el zorro, el astracán y más inocentes víctimas famosas del negocio más sádico y estúpido del mundo, sino a los más domésticos gatos y perros (o séase, que  nos dan, literalmente, gato por liebre).
 
¿Quién podría cometer semejante atrocidad? China con la complicidad de una industria internacional sin escrúpulos, of course. Ese fascinante país que, en lo que respecta a la conciencia animal, está a la izquierda de la Edad Media, utiliza unos medios para arrancar la piel de canes y mininos, que sobrepasan cualquier definición de crueldad. En China se mata cada año a 2 millones de gatos y perros cuyas pieles son exportadas a Europa y Norteamérica. Los animales mueren de forma atroz, ahorcados, apaleados o despellejados vivos (esta piel también es vendida en objetos como muñecos, llaveros, juguetes para niños y para animales, etc).
 
 
 

Con la (horripilante) duda razonable plantada en la cabeza, sólo me quedaba una cosa por hacer: googling. Miré la etiqueta de peludo y su origen me erizo la piel: made in China. Un artículo para distinguir la piel falsa de la verdadera llego a mis angustiados ojos antes de que me diera una embolia. Básicamente, existen cuatro formas de diferenciar una piel de otra y peludo pasó el test con nota, sin embargo, el miedo y la desconfianza no me han abandonado del todo.
Lo que se recomienda, lo que yo misma me he encomendado, from now on, es que, es que lo más prudente y responsable es no volver a adquirir ningún abrigo, chaquetón, bolso, etc, que contenga el más mínimo centímetro de piel, por muy eco o animal friendly que proclame ser la marca en cuestión. La vida ya es suficientemente complicada y hay dudas que resultan demasiado pesadas y dolorosas como para caminar a diario con ellas por iniciativa propia.


*
Related Posts with Thumbnails